[MT MAG.] ¿Un whisky o un whiskey?
Por Juan Ernesto Jaeger 14/08/2018 346 vistas
El whisky es escocés, el whiskey es irlandés y el bourbon, de Estados Unidos. Los tres destilados no solo se diferencian en el origen, sino que también en los sabores y características aromáticas. El segundo arremete con algunas propuestas para encantar a nuevos consumidores y una historia que estuvo a punto de hacerlo desaparecer durante el siglo XX. Llegó la hora de brindar con whiskey o con whisky

El whisky es uno de los destilados más famosos y consumidos del mundo. Se le asocia a un cierto nivel de estatus, impulsado, quizás, por sus recurrentes apariciones en películas y series de televisión, donde los protagonistas festejan sus millonarios logros.

La imagen ha ido cambiando. Y bastante. Hoy, las marcas van por nuevos consumidores, desplegando toda su artillería de marketing tratando de persuadirlos y convencerlos de que el whisky no es solo una bebida para ricos y famosos. Es también perfecta para beberse en cualquier ocasión.

Hace un par de semanas asistimos a un evento organizado por Jameson, un whiskey de origen irlandés, y dentro de las opciones para probarlo estaba el refrescante Jameson Ginger & Lime, un cóctel fácil de preparar y beber, una estrategia para llegar a ese público nuevo del que estamos hablando. Al parecer, la arremetida de los irlandeses viene con fuerza, sobre todo en esta nueva faceta de la mixología, donde hay espacio para los destilados más ligeros y neutrales y donde el whiskey del país de Saint Patrick saca ventajas.

Sin embargo, el whiskey (se escribe con e, a diferencia del whisky escocés) irlandés es el más desconocido de todos, pero no menos cautivante. Las islas vecinas a Escocia también cuentan con una importante tradición de elaboración y producción de whisky.

Se cree que el origen del whiskey irlandés se remonta al siglo VII, cuando los monjes irlandeses viajaron por el Medio Oriente y llevaron a Irlanda el alambique y las técnicas de destilación de plantas que se realizaban para la obtención de perfumes. A lo largo de los siglos los métodos se fueron perfeccionando y ya en el siglo XIX el whiskey irlandés era mundialmente conocido, gracias a la expansión de su consumo por las exportaciones a las colonias británicas y otras partes del mundo.

A principios del siglo XX, Estados Unidos era uno de los principales importadores de whiskey irlandés. Sin embargo, la proclamación de la Ley Seca (1919-1933) y la guerra de independencia irlandesa (1919-1921) mermaron su consumo, situación que agravó la crisis económica de 1929 y la Segunda Guerra Mundial, dejando a la industria irlandesa al borde de la quiebra y prácticamente desaparecida.

A fines de la década de los 60 apenas quedaban algunas destilerías, de las 150 que alguna vez tuvo Irlanda. En 1966 se fusionaron John Jameson & Son, John Power & Son and The Cork Distilleries Company bajo el nombre de IDG (Irish Distillers Group), hoy controlado por el gigante Pernod Ricard, quienes han levantado nuevamente el consumo de whiskey irlandés.

whisky

¿Whisky, whiskey o Bourbon?

La pregunta es atingente cuando nos enfrentamos a la estantería del supermercado. ¿Qué diferencia a un whisky escocés de uno irlandés con un bourbon norteamericano? Los primeros whiskies se elaboraron en Escocia e Irlanda y desde aquellos inicios ya se marcaron las primeras diferencias. De partida, lo que mencionábamos unos párrafos más atrás: en escocés se escribe whisky y en irlandés se escribe whiskey.

Los whiskies irlandeses se suelen destilar tres veces y los escoceses solamente dos veces. Además, los whiskies irlandeses tienen un sabor más suave y menos ahumado que los whiskies escoceses. El whiskey usa para su guarda barricas nuevas y usadas, habitualmente de jerez.

El resultado es, así resumidamente, un blend más “amable” que un escocés, donde decíamos, abundan las notas yodadas, salinas y ahumadas. Jameson es un buen ejemplo de whiskey, más especiado y versátil, porque puede beberse solo, sin hielo o acompañado de tónica o ginger ale.

El bourbon es el más distinto de todos. La nariz es más sutil y se sienten notas acarameladas y tostadas, descriptores que se vuelven a repetir en el paladar. Su elaboración es a base de maíz, en una concentración que va entre el 50% y el 70%. Se le pueden agregar otros ingredientes, como trigo, centeno o cebadas malteadas. La guarda del bourbon se realiza en barricas nuevas y tostadas y se extiende por cinco años, aproximadamente, lo que le da ese característico color ámbar.

Aunque su producción no está legalmente restringida a un territorio específico de los Estados Unidos, la gran mayoría de las destilerías se encuentran en el estado de Kentucky. Fue a partir de 1964 que el gobierno federal reconoce al bourbon como un producto distintivo del país del Norte. Hoy, Wild Turkey Bourbon, una de las marcas más características e ícono estadounidense, encarna esa tradición de elaboración rural y artesanal.

Es muy probable que cuando termine de leer este artículo se le abra el apetito por probar destilados de estos tres orígenes. En el Patio Bellavista está Red Luxury Bar, con 14 opciones para elegir desde su gran barra. Ahora, si el presupuesto es mayor y anda por Londres, hay dos imperdibles. Uno de ellos es el Boisdale (www.boisdale.co.uk), cuya carta de alcoholes es de 30 páginas y dedica 20 de ellas solo a los whiskies. El otro, The Bar, al interior del Athenaeum Hotel (www.athenaeumhotel.com), tiene más de 270 etiquetas de todo el mundo. Para fanáticos.

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