El capitán señala el rumbo
Por José Ignacio Gutiérrez 24/07/2018 107 vistas
Marco Oneto es el líder indiscutido de la Selección Chilena de Balonmano, que en junio consiguió su quinta clasificación consecutiva a un Mundial. El capitán entrega una visión crítica respecto del duro camino al éxito y advierte que hay mucho por hacer si es que se quiere seguir mejorando. Él, por su parte, alista el retiro y comienza a jugar en otra área.

“Si estamos esperando que un viejo cojo se recupere, es que estamos mal. Hay que ser sinceros: estamos muy mal. No puedes contar con que un jugador de 36 años se mejore de la rodilla para conformar el equipo”. Marco Oneto no criticaba a algún compañero de la Selección Chilena de Balonmano, sino que se refería a sí mismo. De esta forma, en enero pasado el capitán –que estuvo seis meses parado– le exponía al entrenador Mateo Garralda su preocupación por la falta de variantes antes del Campeonato Panamericano de Groenlandia.

Marco Oneto ha sido el puntal de un equipo que ha clasificado a cinco mundiales de forma consecutiva, algo inédito en cualquier deporte colectivo en Chile. El pívot –que este año rescindió contrato en Italia para acompañar a su papá enfermo– fue multicampeón en España, en Hungría y en Portugal y, además, suma distinciones individuales como dos nominaciones al Equipo Ideal de América y una al Equipo Ideal a nivel mundial. El viñamarino, sin embargo, no se conforma y alista un retiro a su altura en 2019, con el Mundial de Dinamarca-Alemania y los Juegos Panamericanos de Lima en la mira.

» La Selección: De amor y desamor

Marco Oneto Zúñiga conoció el hándbol a los 13 años. En el Colegio Coeducacional de Quilpué tuvo el primer acercamiento, pero fue en el Club Alemán donde realmente terminó enamorándose de la disciplina. Pero, ¿qué podía hacer si en Chile no podría dedicarse profesionalmente? A los 17 años, apenas terminó el colegio dejó su hogar y se fue España. “No me fui como mucha gente cree. Ningún equipo me mandó a llamar, ni nadie me invitó. Simplemente fui a probar. Entrenaba en tres equipos a la vez, uno de ellos era el juvenil del Barça. Un día me vio el entrenador y me firmó. Mi primer contrato fue casi por comida”, cuenta el capitán que ahora, de regreso en Chile tras 18 años, construye su casa en Concón junto a su esposa alemana y a Liam, el hijo de ambos, nacido hace dos años en Portugal.

Para Marco Oneto, hoy el líder natural de la Selección y jugador chileno más exitoso en la historia, los inicios con la camiseta roja no son gratos. “Cuando tenía 16 años fuimos a jugar a Argentina y me fisuré un hueso del brazo. Me pusieron yeso y alguien de la delegación habló conmigo y me dijo que yo tenía que pagarlo. Le dije que lo sentía, pero en mi casa éramos cuatro hermanos, mi papá era marino mercante y mi mamá nos cuidaba. No tenía la plata para pagar un yeso y menos lo iba a hacer si estaba representando a la Selección. Me respondieron ‘hasta que no lo pagues no vuelves…’ y me fui. Me volvieron a llamar solo cuando ya estaba en España”.

En 2006, ya como jugador adulto Marco Oneto fichó por Naturhouse La Rioja. El contrato, sin embargo, tenía una cláusula: debido a las lesiones que el viñamarino había sufrido en su rodilla derecha, el club estableció que, si se resentía jugando por la Selección el acuerdo terminaba automáticamente. “Yo siempre perdía plata por venir y sigo perdiendo por jugar por Chile. Pero lo que yo necesitaba era un seguro que cubriera mi contrato. A los días después volvieron con un seguro escolar y me dijeron ‘esto es lo que tenemos’. Les dije lo siento, pero así no puedo jugar. Me retiré de nuevo”.

Luego de tres años, Marco Oneto volvió al Barcelona y a la temporada siguiente retornó a la Selección dirigida en ese entonces por el argentino Fernando Capurro. “2011 fue el clic”, cuenta el apodado Gigante Maravilla. “Pudimos juntarnos Emil Feutchmann, Felipe Maurín, Rodrigo Salinas y Felipe Barrientos para los Juegos Panamericanos de Guadalajara donde sacamos ese primer bronce cuando nadie lo creía. Le hicimos partido a Argentina, empatándole sobre la hora. Si bien las decisiones arbitrales nos perjudicaron y terminamos perdiendo por un gol, ese fue el quiebre deportivo porque desde ese momento no hemos bajado del podio”.

La Selección inició en Guadalajara una seguidilla de éxitos: luego del tercer puesto en México, el septeto nacional hizo podio en los Campeonatos Panamericanos de 2012 y 2014, en los Juegos Suramericanos de Santiago 2014, en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015; y este año se colgó el bronce en los Juegos Suramericanos de Cochabamba y en el Campeonato Panamericano de Groenlandia, donde timbró boletos para el Mundial de Alemania y Dinamarca de 2019. Para el capitán, los triunfos cosechados en los últimos años no tienen ningún otro responsable que el mismo grupo de jugadores. “Aquí no hubo un proceso, ni un desarrollo, ni un apoyo. Tocó la coincidencia de una buena generación. Aunque suene arrogante, todo es causa de nosotros. Cualquier otra persona que quiera ponerse la medalla, derechamente miente”, sostiene.

» Garralda es el hombre

La llegada del entrenador español Mateo Garralda en 2016 es un ingrediente que debería resultar provechoso a futuro, dice Marco Oneto. “En su momento se me pidió un consejo y di el nombre de Mateo. Fue un proyecto que trabajamos con Neven Ilic. Él buscaba mejorar lo que había hecho Capurro. Garralda fue un jugador de los más grandes en la historia de España. Es medallista olímpico, campeón mundial y europeo y ganó muchas ligas. No hay título que no haya ganado como jugador. Él sin duda imprime esa garra y hambre que necesitan los jugadores”.

oneto

Para Oneto, al ibérico hay que darle continuidad por al menos dos ciclos olímpicos. “El problema aquí es que el jugador chileno no es ese que se coma la pista, no es alguien que no se sienta menos. Es complaciente. Dice ‘bueno, ya hice un buen primer tiempo, el segundo ya está’. Para cambiar eso no lo puedes hacer con tipos que llevan 20 años haciéndolo de la misma forma”. El capitán confía en que Garralda cortará de raíz con esa mentalidad. “Él tiene eso para dar el paso que falta. Lo ideal es que tomemos niños cadetes y sacarlos adultos con una forma de trabajar y de jugar diferente. Es lo que más cuesta”, asevera.

» El recambio y la ‘Fundación Marco Oneto’

El no poder sostener los éxitos es algo que preocupa al líder de esta Roja. Marco Oneto siente que esta bonanza no se ha aprovechado institucionalmente como un punto de inicio para desarrollar el deporte. “Veo que somos viejos y que no tenemos un recambio suficiente. Recién hace un par de años se ve algo, pero vuelvo a lo mismo… es porque somos nosotros quienes impulsamos eso. Yo que he estado en más lugares, que conozco más gente, he podido crear opciones para jóvenes que de otra forma hubieran quedado en el aire”. Echando mano a los contactos que dejó en Europa, Marco Oneto creó hace cuatro años una fundación que lleva su nombre. La organización da a jóvenes la oportunidad de luchar por un contrato profesional en Europa a través de proyectos que les ha permitido entrenar en clubes de Alemania, Polonia y España.

Para la fundación, un candidato no puede ser alguien únicamente con talento. “Si un cabro no es humilde, no es sacrificado y realmente quiere hacer esto, no me vale. Cuando vas de Chile no solo estás a 13 mil kilómetros, sino que tienes que re aprender a jugar, sobre todo en España donde el deporte es muy táctico. Debes ser capaz de decir ‘voy a aprender de nuevo y voy a hacerlo de cualquiera’. Si aquí eres bueno, ten por seguro que afuera eres del montón con suerte. Un deportista tiene otras cosas que lo definen como persona antes que todo”. De los jóvenes que han ido a Europa patrocinados por la fundación, hoy nueve son seleccionados chilenos en diferentes series.

Ahora que ve de cerca el retiro, el capitán quiere abocarse más a la fundación e ir por su próximo desafío: “me gustaría tomar niños y formarlos acá en Chile. Tener un lugar donde se pueda desarrollar y trabajar con el fin de alimentar a la Selección Adulta, tal como se hace en Europa. Ese es mi sueño”.

» Un 2019 para cerrar con altura

Marco Oneto viaja periódicamente desde Villa Alemana a Santiago para tratar su rodilla derecha. Carga con diversas dolencias, entre ellas una rotura parcial del ligamento interior, una desviación de la rótula, una lesión condral y una sinovitis crónica. Pero eso no le quita su último anhelo como profesional. “Quiero que el Mundial y los Panamericanos de Lima sean mi epílogo. La expectativa es clara: vamos a Alemania y Dinamarca a pasar de ronda. Antes siempre estuvimos cerca, partiendo por el 2011 que tuvimos al dueño de casa, Suecia, 40 minutos contra las cuerdas. Luego Eslovenia nos empató al último segundo… En el mundial pasado también: los chicos ganaron a Bielorrusia, pero después perdieron con Arabia Saudita. Históricamente hemos estado cerca, pero hemos quedado con el sabor de boca de que pudimos luchar más arriba”, explica. ¿Y en los Juegos Panamericanos? “A Lima vamos a ir a luchar la final. Queremos clasificar primeros del grupo y luego disputar el oro”. Si la rodilla responde, el veterano capitán quiere estar una vez más a la altura.

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