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Eduardo Fuentes: “Alma merece nuestro mejor esfuerzo como papás”
Por Romina Cannoni Berd 22/06/2018 557 vistas
El periodista nos abrió la puerta de su casa para conocer a su pequeña hija Alma, de un año y nueve meses. La pequeña se transformó en la máxima motivación del animador de La Red. Dice que por ella lo daría todo, que le enseñó a despojarse del ego y que espera entregarle las herramientas para que sea feliz. "Ella solo me entrega amor, todos los días, en cada sonrisa".

“A los 26 años, haciéndome exámenes de rutina y cuando el doctor me estaba leyendo los resultados, me dice, sin siquiera mirarme a la cara y como si nada, que no iba a ser papá…, le digo ¿cómo? Me dice: ‘Eso, no vas a ser papá por la cantidad de espermatozoides que tienes’. Le pido que por favor me mire a los ojos y le vuelvo a preguntar: ¿No voy a ser papá o me va a costar ser papá? Su respuesta fue de un pelotudo… ‘Bueno, eso, te va a costar ser papá’.

 

Me dieron ganas de romperle la cara por la forma en que lo dijo, el poco tino. En ese momento no estaba en mis planes ni cerca ser papá, pero nadie te puede dar un diagnóstico de nada, de esa forma. Me cambié de doctor y, efectivamente, los resultados no eran buenos. Fue la primera vez que me cuestioné la posibilidad de ser papá de verdad y cómo entraba ese concepto en mi vida”.

 

Así comienza el relato Eduardo Fuentes, periodista y animador de televisión, quien dio una dura lucha por ser hoy papá de la pequeña Alma, una niña de poco menos de dos años que ilumina su vida y el hogar que formó con su señora, la también periodista Andrée Burgat.

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En este tiempo las redes sociales se inundan de halagos a su hija, de sus pequeños y grandes pasos y de cómo les llena el corazón con una simple sonrisa.
Pero el camino no fue fácil. Por el contrario, fue duro, de muchas lágrimas y de costos que no cualquiera puede financiar. Quizás por eso ha sido un activo personaje, cada vez que se lo piden, cuando se trata de poner el tema en el debate público y frente a las autoridades, para que el asunto de la infertilidad sea visto como una enfermedad que merece ser considerada como tal ante las isapres y lograr así que los tratamientos a los que se deben someter quienes buscan ser padres no tengan los costos que tienen y así puedan acceder todos, no solo unos pocos.

 

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Sin instinto

Eduardo Fuentes (43) es un hombre de muy poca familia. Hijo único con papá, mamá adoptada y con primos en Curicó. Y ya. Por lo que su cercanía con los niños no es algo que le fuera natural. Para nada. “Me daba nervio que mis amigos me pasaran a sus hijos, y mudar ni pensar. Me daba un asco espantoso”, expresa.

 

¿Cuándo aparece ese instinto
La primera vez, después de que entendí que sería muy difícil ser papá…, pero fue solo una alerta. Luego, con Andrée, cuando hubo cientos de momentos frustrantes. Con mi primera señora lo intentamos poco, había desilusión, pero si no era, no era. Con Andrée fue distinto, supongo que también había mucho de madurez.

 

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Yo tenía ya 35 años, le tomé el peso al tema y sentía que teníamos todo para ser padres. Paralelamente, teníamos unos amigos en Quintay, científicos, que por opción decidieron no tener hijos. Ellos decían que eran aves de paso. Que sus estudios eran la forma de trascender en esta vida. Era un concepto que no me molestaba en lo absoluto, pero también sentía que teníamos las energías y el hogar lleno de amor para recibir a alguien.
¿Qué pasa cuando llega Alma?
Se me acabaron las aprensiones. Ella sacó la palabra egoísmo de mi vocabulario, me trastrocó, por mí me tatuara el momento que la tuve por primera vez en brazos y daría lo que fuese para no olvidar jamás el olor que tenía cuando nació.
Eduardo Fuentes reconoce que ha sido un papá presente, apañador. Que todo fue gracias a una charla y el darse cuenta de que si bien no era necesario meterse entre mamá/hija, sí podía hacer que el ambiente fuera el mejor para que ellas lograran esa conexión. “Estoy muy contento de que haya sido así. Me encantó vivirlo así”, explica.
Los primeros meses, dice que preferió pasar por papá urgido y sobreprotector a que le pasara algo a su hija, aprendió que googlear nunca es tan sano, que siempre hay mucha gente opinando y no solo hay una forma de hacer las cosas.

 

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Eduardo no oculta su chochera. La mira, la contempla. Y la vuelve a mirar. “Cuando comenzó a entender las bromas y ella a hacer bromas, ¡yo no podía más! Es maravilloso, adictivo”, señala, y agrega que “ser papá es un proceso que cambia completamente el fondo de tu alma”.
Reconoce que es por eso que hoy el tema de los abusos infantiles lo golpea fuerte y trata de hacerse parte de la solución, no solo a través de un #, sino usando su vitrina como comunicador, sus redes sociales y el programa Mentiras Verdaderas de La Red. “Creo que es mi obligación como comunicador, no puedo quedar ajeno a estos temas, menos ahora que soy papá”.

 

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¿Más hijos?

Tanto Eduardo como su señora son hijos únicos, y aunque no los asusta, sí preferirían darle un hermano/a a Alma, un tema que les ronda por la cabeza, pero que aún no está ciento por ciento definido.
¿Qué dirían tus papás si te vieran como padre?
Uff (se toma la mano, se saca los lentes, los limpia y se los vuelve a poner).
Me encantaría tenerlos acá, daría lo que fuera porque hubiesen tenido a Alma entre sus brazos. Sobre todo mi mamá, que era muy guaguatera. Pero no están, como no lo han estado en tantos momentos importantes de mi vida.

 

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¿Ves algo de ellos reflejado en ella?
De mi mamá, muchas cosas… su pelo, su sentido del humor. Un día la vi de perfil, en una posición tan exacta, que fue ver a mi mamá… un escalofrío me inundó. De mi papá, los ojos, que son los mismos míos. Y, bueno, de Andrée tiene el carácter.

 

¿Qué dirían de ti?
Espero que estén orgullosos, que la lucha que dieron por mí tuvo frutos y no la desaproveché. Trato de no equivocarme y creo que con Alma no lo he hecho, porque con ella redoblo los esfuerzos, porque su felicidad, en parte, está en mis manos.
La batalla que dio ella por venir, siendo un huevito, que luchó para aferrarse a su mamá, merece nuestro mejor esfuerzo como papás.

 

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Dispuesto al trueque

A principios de año, a Eduardo Fuentes se le diagnosticaba un cáncer de tiroides grado 6, el cual fue extirpado exitosamente y sin consecuencias.
¿Qué te pasó cuando te dijeron lo del cáncer de tiroides?
Me dio mucho miedo. Eso, a pesar de que el doctor me lo explicó con peras y manzanas, diciéndome que era el mejor de todos los cánceres. Tenía miedo de que estuviera avanzado y que la fiesta se acabara.

 

No podía creer que después de todo lo que nos costó tener a Alma, justo ahora que la estaba disfrutando, me tenía que ir de la fiesta. No lo encontraba justo, pero después pensaba que la vida trata de compensar, si es una vida por otra, con el dolor de mi corazón, si era el costo a pagar por haber vivido con Alma estos dos años, ok, lo entendía y lo asumía.

 

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Me daba pena, porque obviamente quería ver a Alma crecer… Pero asumía ese tremendo costo solo por haberla visto. Cuando le cuento a Andrée, ella fue un roble, como siempre. Al día siguiente me tenía en las manos de los mejores oncólogos. Y salió todo bien.
El periodista dice que ahí sufrió un nuevo reseteo, mucho más grande. “Aunque suene cliché, hoy valoro mucho más los instantes, los lugares, lo que hago con Alma, trato de que sean tiempos de calidad y ciento por ciento dedicados a ella”, señala.
Cada vez que Alma aparece y pasa cerca de Eduardo durante la entrevista, el periodista se ilumina y siempre hay una sonrisa para ella.
Me cuenta que desde que partió el proceso le escribe, pequeños episodios, que espera que algún día sea un libro para entregárselo a ella. Otro gesto de esa racionalidad, de ese esfuerzo por haber sido papá.

 

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Si tuvieras que dejarle un mensaje grabado a Alma, para cuando ella sea grande, viejita ya… ¿qué le dirías?
Eduardo se queda en silencio, como pocas veces en esta entrevista, traga saliva y dispara con la certeza de que son las palabras justas.
“Cuando ella nació y me la pasaron, le di las gracias por nacer y le dije ‘Tenme paciencia, porque trataré de ser el mejor padre’… Creo que le dejaría grabado ‘gracias por tu paciencia, traté de ser el mejor padre’.
El animador se para con la llegada de Alma, está listo para ir a bañar, cambiar pañales y poner pijama. Empezó el fin de semana para ellos y Alma lo sabe.