La carrera más peligrosa del mundo vive una nueva y trágica edición
Por » Lorena Gallardo Gil. 09/06/2017 517 vistas
El Tourist Trophy de la Isla de Man celebra un nuevo año, marcado desafortunadamente por la muerte de uno de sus pilotos, así como también por las malas condiciones del tiempo. De esta forma, el mítico Snaefell Mountain Circuit continúa su historia de velocidad, pasión, coraje y destreza.

El Tourist Trophy (TT) de la Isla de Man volvió a recordar por qué es una de las carreras motociclísticas más peligrosas del mundo. Esto, luego de que la presente edición cobrara la vida de una nueva víctima, el piloto británico Davey Lambert, de 48 años, quien falleció a causa de las graves lesiones sufridas en un accidente durante su participación en la Superbike TT. Era la primera vez que participaba en la legendaria carrera, en cuya historia ya han muerto 241 pilotos.

Una nueva edición marcada por la muerte y las inclemencias del tiempo, que obligaron, incluso, a suspender varias jornadas de carreras y entrenamientos. Los días donde la lluvia y la niebla dieron tregua, vieron coronarse a dos viejos conocidos por esos lados: Ian Hutchinson y Michael Dunlop. El primero en la categoría Superbike y el segundo en la Supersport.

En el famoso trazado de Snaefell Mountain Circuit, que en 60,7 kilómetros recorre las calles residenciales y carreteras de la Isla de Man, enclavada en el Mar de Irlanda, “Hutchi” agrandó su leyenda a bordo de una BMW S 1000 RR al conseguir su TT N° 15, superando en un título al mítico Mike Hailwood y quedando sólo detrás de Joey Dunlop y John McGuinness, las más grandes leyendas del TT (en categoría moto).
Tras completar seis vueltas al trazado, Hutchinson hizo un tiempo de 01:45:58.474 , con una velocidad media de 206 km/h.

Isla de Man-06

Michael Dunlop, por su parte, luego de que tuviera que retirarse de la carrera de Superbike (no sin antes marcar un rápido giro de 216,3 km/h), se desquitó en la de Supersport, al lograr la victoria sobre su Yamaha R6, a una media de 199,83 km/h.

Con este triunfo, Dunlop iguala a Mike Hailwood con 14 trofeos y sigue en carrera para algún día superar el récord de su tío Joey Dunlop, el máximo ganador de la prueba, con 26 victorias y a quien hoy miles de fanáticos le rinden homenaje todos los años visitando su estatua erigida a los pies del circuito de la Montaña.

En la carrera de Sidecar, que tuvo lugar el lunes pasado, el triunfo fue para los hermanos Ben y Tom Birchall, quienes anotaron su quinta victoria en la isla, a una velocidad media de 188,29 km/h.

» Peligro y velocidad

Cuenta la historia que en 1903 se prohibieron las carreras de motos por los caminos públicos de Gran Bretaña. Fue entonces cuando se pensó en ir a correr a la Isla de Man, dependencia de la corona británica, pero con gobierno autónomo.

Así, el primer TT formal tuvo lugar el 28 de mayo de 1907 en el circuito de St John’s, de unos 25 kilómetros. El primero en cruzar la meta fue Charlie Collier arriba de una Matchless monocilíndrica, con la que consiguió una velocidad promedio de 61,47 km/h. Demoró cuatro horas, ocho minutos y ocho segundos.

Isla de Man-09

El Tourist Trophy no es la típica carrera de todos contra todos, sino una en formato contrarreloj, en la que el riesgo está latente en cada una de las 200 curvas del Snaefell Mountain Circuit. Motos de alta cilindrada a toda velocidad, atravesando un circuito sin escapatorias, donde el roce con las fachadas de las casas, los postes del alumbrado y los muros de piedra están a la orden del día.

El paso de Ballaugh Bridge es uno de los más famosos de este trazado, pues hace “volar” a los pilotos a más de 250 km/h. También es célebre la bajada de la zona montañosa, que termina en la Windy Corner (Esquina Ventosa), barrida por los vientos que vienen del mar.

El TT de la Isla de Man reúne anualmente a 60 mil motoqueros de todo el mundo, los cuales llegan a disfrutar de un verdadero festival del motociclismo que dura dos semanas y donde se disputan diferentes categorías (Superbike, Supersport, Superstock y Sidecar).

La atracción fatal del TT no se basa únicamente en la competición sin restricciones, sino también en la fama de sus pilotos. Y es que a la sombra de esta anarquía forjaron su historia una pléyade de pilotos bohemios, sin más normas que su calidad desenfrenada.