[MotoTest] Mil terrenos y una conclusión: África mía
27/06/2016 680 vistas
Probamos la versión automática DCT de la Honda Africa Twin, acaso la novedad más aplaudida de Milán 2015 y el lanzamiento más trascendente de lo que va del año en Chile.

Hay motos que te transportan todos los días y son buenas. Hay motos que te llevan varios años y son mejores. Hay motos que te permiten ir por asfalto o por tierra y son excelentes. Pero hay motocicletas que, además de llevarte por donde quieras, se te meten debajo de la piel… Esas son las imprescindibles.

La revivida Africa Twin de Honda supera por mucho los límites de lo racional, y lo consigue porque una vez estacionada, tiene el imán de seguir unida a tu cuerpo, a tus emociones, aun cuando tú y ella ya se han desprendido de esa unión tan ancestral. Sólo te vas a quedar pensando en el momento en el que te vuelvas a subir y vivir cada ruta, aunque sea una cuadra por asfalto o cientos de kilómetros con piedras y tierra bajo las ruedas.

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Es cierto que a la Honda CRF1000L Africa Twin 2016 se la ha coronado como la reina del off-road, pero cuando vivimos tacos, autopistas furiosas o avenidas tranquilas bordeando plazas y edificios, jamás se nos ocurrió que su corona cayera o brillara menos.

Vivimos esta prueba en el modelo con tecnología automática DCT, que puede funcionar manualmente a voluntad, como el tiptronic de los autos, o en el más puro y elemental modo automático. Mi pie izquierdo no tiene pedal alguno que accionar para gestionar marchas, y mi puño izquierdo lo mismo desde el manillar, donde lo que se asemeja en realidad es un freno de mano muy útil para evitar que la muevan cuando está aparcada.

Se echa a andar desde el botón rojo y un selector, en la misma piña derecha, conecta la directa (también se puede escoger un modo S con ademanes más vertiginosos). Desde la zona izquierda se puede seleccionar el control de torque (T). Luego, vendrá un sonido del motor bicilíndrico muy peculiar, una suerte de disfonía hermosa, que no va acompañada de vibraciones de la estructura.

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Es algo alta y recomiendo a quienes no superan el metro 70 optar por la posición más baja del asiento (es muy sencillo de operar y regular manualmente levantando parte del cojín central).

El ejemplar que me tocó venía con neumáticos Metzeler (90-90/21 el delantero, muy respetuosos de la tradición deportiva) para el todoterreno, pero que en calle no desmerecen en absoluto el rico andar de la máquina. “No la botes mucho en los giros”, me advirtieron. Hice caso, pero quise ir algo más allá y la moto se ladea y retoma con soltura, y eso transmite confianza.

La cilindrada del litro se las ve con 95 caballos que si los salimos a buscar van a estar ahí con todo. Cuidado. Aunque no tiene excesos que un conductor preparado para la alta cilindrada pueda desconocer. La reina del Dakar de finales de los 80 (ganó cuatro seguidos) renace con buena dosis de tecnología, pero con un respeto irrestricto al legado que la convirtió en culto, en veneración importante.

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¿A qué me refiero? A su hoja técnica: motor bicilíndrico en paralelo con cigüeñal calado a 270 grados y culata Unicam (como sello cross), ABS (desconectable atrás), control de tracción (tres niveles de intervención), cambio automático DCT 3.0 (con seis opciones diferentes), pinzas de freno delanteras radiales Nissin y discos lobulados, basculante de aluminio, luces LED (en versiones ABS y DCT), instrumentación digital, doble radiador, asiento regulable en dos alturas.

El aperitivo y la entrada fueron en ciudad. El plato fuerte fue el Cajón del Maipo, ruta insuperable en esas rectas de tierra imperfecta, y su radio de giro -que me pareció excelente- me ayudó mucho en brazos trabados rumbo a El Yeso. Pasé un par de sustos en ciertos deslizamientos del bloque posterior, pero antes de que me diera cuenta, la electrónica ya había enderezado sin que yo mediase como piloto. Avancé mucho en posición vertical, de parado, y es bien inclinada hacia la pantalla que protege del viento (más en el pecho que en la cabeza). En sus comandos, a la derecha, una tecla permite desconectar el ABS trasero y otra, la G, programar diferentes modos para el tracto off-road. Busquen, prueben, experimenten, esta moto tendrá el punto exacto para encajar con cada estilo.

Esa esencia de ser tan despierta, la sencillez de llevarla y su comportamiento todoterreno son puntos altos. En lo personal, me complicó la botonería en la piña izquierda. Me imagino que cuatro días son insuficientes para domar del todo a esta salvaje dakariana con tres décadas de historia.

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