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Kawasaki Vulcan S: La alegría de la Kawasaki que vive en el primer piso
Por Alexis Cares R. 08/05/2016 874 vistas
Nos subimos a la nueva Vulcan S, la propuesta custom de la marca japonesa que endulza la respuesta del motor 649 cc de sus parientes deportivas. Poder y encanto estético, pero todo muy Kawasaki.

No es la especialidad de la casa ni lo que define a Kawasaki, pero ya que estamos acá digamos que la custom de la firma japonesa sobresale, precisamente, por la sapiencia de la autoría. Es una custom, claro, pero, por sobre todo, es una Kawasaki y el fabricante de Kobe se encarga de hacerlo notar apoyado en una estética llamativa, lozana.

La Vulcan S pasa por las calles y las miradas se quedan en su estructura aparentemente clásica, pero con toques de modernidad. Su inmenso depósito, que cobija 14 litros de combustible, se impone como si sacara un pasaporte donde dice, ojo, que nadie se engañe, acá va a una “Kawa”… Es casi todo muy nuevo y con acierto: el escape, el faro que le da mucha personalidad y sello propio, su chasis perimetral.

Nadie más que yo sacó boleto para este viaje de seis días. No hay espacio para nadie más. Y, por lo mismo, el peso del conductor recae fundamentalmente sobre el asiento, que es muy cómodo. Por cierto, esta particularidad la deja bien custom y la separa de otros formatos más deportivos o más de calle, donde por la posición de manejo el peso se reparte más. Acá no. Acá en el asiento. Y un detalle sobre su altura: es muy bajo y esto de alguna manera transmite confianza para las maniobras, sobre todo, a conductores que sienten cierto dominio y relajo cuando el suelo está más cerca y ambas plantas del calzado lo tocan.

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Y así, hasta que nos lanzamos a vivir una moto que no necesita hacer aspavientos y que regala alegría, diversión, acostumbramiento a los ademanes tan propios de un motor bicilíndrico de 649 cc, cuatro tiempos y refrigerado por agua, que me tenía levemente intrigado antes de salir juntos: ¿Cuánto tendrá el de la ER-6N? Sin duda, acá Kawasaki demuestra que es uno de los grandes de la historia de la motocicleta y se jugó por diferenciarlo, y en nuestra Vulcan S degustaremos una nota más dulce. Sólo nos tomará media hora de uso y vamos a entender con holgura que la moto entrega excelentes dosis de par desde abajo. Y uno va agarrando cariño, costumbre de la rica. Las piernas hacia adelante, ¡voy en una custom, pues! Y todo lo demás ocurriendo de cara al viento y un estado placentero que ya se instala e invita a no bajarse en un buen rato.

Como la respuesta del par está muy bien lograda desde la calma, la ciudad y su siempre lento avance nos pondrá entre manos una moto segura y eficaz. Lo mejor es que cuando todo se despeje y la vía se encuentre relativamente libre, tenemos el poder suficiente para alcanzar una aceleración con buena dosis de vigor. “Debe ser un cañón”, me comenta un motociclista en el típico diálogo semaforero. Tanto como eso no, aunque si se refiere a una máquina que es capaz de disparar fuerte en corto, bueno, entonces sí. Por el poder que le confiere el propulsor, la carretera le queda muy a la medida, y si queremos emprender rebases cortos y firmes, acá hay moto, amigos.

El sistema de frenos con ABS está compuesto por un disco delantero de 300 mm y mordiendo una pinza de doble pistón; en el bloque de la zaga habita un disco de 250 mm y una pinza de un solo pistón.
Los espejos entregan una visibilidad muy satisfactoria, y cuando mis manos toman los manillares constato un momento más normal de lo que podría acostumbrarse en este segmento de la “vieja escuela”. En corto: queda más custom la posición de mis piernas que a la de mis extremidades superiores.

Como buena Kawasaki, no hay información sobre la marcha engranada, pero es sumamente dócil para buscar la neutra.
En el epílogo, la certeza de haber vivido una experiencia de manejo joven y entretenidísima, un consumo cercano a los 20 km/litro y el sabor egocéntrico de un producto con una estética social importante.