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[TestDrive] Mazda CX-3: Un animal urbano para las aventuras
26/02/2016 5807 vistas
El crossover más pequeño de la casa de Hiroshima cautiva de entrada con un atractivo diseño, pero su aspecto más destacable es la dualidad para el campo y la ciudad.

Mazda hizo crecer su familia con el CX-3, el crossover que se transformó en la entrada al segmento de los SUV en la marca nipona. El modelo posee un dibujo exterior que mantiene el concepto de modernidad y deportividad, pilares del diseño Kodo, resaltando el frontal con una amplia máscara que se extiende hasta los grupos ópticos, las ruedas de gran tamaño, la elevada línea de la cintura que le otorga una sensación de mayor robustez y, como detalle, el particular pilar C que, al ser una pieza acristalada, extiende la ventana trasera y estiliza la figura lateral del modelo.

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En el interior, el buen gusto se funde con la funcionalidad. Asientos envolventes, posición de manejo más baja que la que entregan otros crossover, además de ergonomía y practicidad como conceptos que encontramos en un espacio basado en el Mazda2. Quizás los pasajeros de los asientos traseros se quejen levemente por el poco lugar para las piernas.

Dentro de este espacio, un gran aporte a los modelos de Mazda ha sido el sistema de infoentretención, por la simpleza de su utilización. En este caso no es distinto, la seguridad se prioriza con dispositivos que permiten manejar la información que se ve en la pantalla táctil de 7’’ desde un comando central giratorio (HMI Commander) o con el sistema Head up Display, que permite visualizar la velocidad en una lámina plástica montada en el moderno tablero de instrumentos, donde está la nueva pantalla multifunción interactiva con computador a bordo, tacómetro y velocímetro.

Agilidad y versatilidad

El CX-3 se mueve por un motor de 2.0 litros, que desarrolla 146 caballos de fuerza y 192 Nm, asociado a una caja automática de seis velocidades, con opción de manejo secuencial mediante levas en el volante. Nuestra unidad de prueba contaba con el sistema de tracción integral inteligente (i-Activ AWD) a las cuatro ruedas. Si bien en condiciones normales se maneja el vehículo con tracción al eje delantero solamente, cuando detecta menos adherencia el sistema redistribuye el par hasta un 50% a las ruedas traseras. No es un 4×4 para irse a jeepear, tampoco tiene un gran despeje del suelo (155 mm), pero permite meterse con tranquilidad en trazados sin asfalto.

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A nivel mecánico, el motor es bastante progresivo en su entrega, el paso de los cambios es rápido, aunque los más radicales lamentarán más inmediatez en la reacción desde cero. En movimiento, nos encontramos con una muy buena aislación acústica y una sensación de manejo ágil y muy estable (ocupa la plataforma del Mazda2), lo que se complementa con una dirección que entrega suficiente tacto y que disimula de buena forma la asistencia eléctrica, pues al volante se va sintiendo lo que las ruedas encuentran en el piso. La suspensión, a su vez, entrega alta seguridad, filtra relativamente bien las imperfecciones del camino (en el eje trasero se sufre un poco más) y a pesar de la velocidad o cambios repentinos de dirección no aparecen movimientos parásitos que preocupen a los ocupantes.

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Como alternativa, este CX-3 tiene un manejo Sport, que eleva las revoluciones. Si bien permite ganar algo de rapidez, esto aumenta considerablemente el ruido, disminuye el rendimiento y, además, genera un delay cuando se suelta el acelerador, quedando arriba las revoluciones por unos segundos, como si el pedal aún estuviese a fondo.

En conclusión, un vehículo que se mueve con simpleza en la vida urbana y que permite abrir la mirada a nuevos caminos, ofreciendo la versatilidad que exigen los usuarios de hoy.