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[MT MAG.] “Coco” Zurita ruge con su nueva bestia
24/02/2016 5324 vistas
En entrevista con MT MAG., el rider chileno cuenta cómo personalizó un Nissan GT-R con 800 Hp con el que se alista a competir en Estados Unidos.

Un pasaje aéreo, 800 dólares y una mochila. Así partió Francisco “Coco” Zurita rumbo a Estados Unidos en 2003. Tenía apenas 19 años y, cansado de las imposiciones a las que estaba siendo sometido, aceptó la propuesta de un amigo y voló rumbo a Texas.

“Salí del colegio y me dijeron estudias o trabajas. Hice un curso de inglés, después me metí a estudiar mecánica, pero no era lo mío. Así es que apenas tuve la oportunidad de ir a probar suerte a Estados Unidos, no lo pensé, total, lo peor que podía pasarme era volver en un par de años con la cola entre las piernas”, recuerda el rider más exitoso de la escena nacional.

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Aunque su idea era estar sobre la bicicleta todo el tiempo, en el estado sureño debía trabajar para pagar sus costos. Así empezó vendiendo filtros de agua de lunes a viernes, dejando para el fin de semana la práctica de su deporte. Pero en esa misma empresa que le abrió las puertas, también se dio cuenta de que los sueños estaban al alcance de la mano.

“La velocidad y los autos siempre me han gustado, pero en Estados Unidos me volví loco con lo que veía. Mi jefe, por ejemplo, tenía una Chevrolet Tahoe aro 22 y yo no entendía cómo un chileno igual que nosotros, que había llegado hacía sólo siete años, tenía esa camioneta”.

Aquel instante marcaría un punto de inflexión en la historia de “Coco” Zurita, no sólo por el objetivo de transformarse en una de las máximas figuras del BMX, sino por esa pasión hacia los automóviles que, sin entenderlo hasta ese minuto, venía de sus primeros años.

“Alucinaba con todo, veía eso y me dio hambre, ya que sabía lo que podía lograr. A los seis meses se me abrieron las puertas y después de dos años la bici me permitió comprar mi primer EVO IX. Cuando ya logré establecerme con la bici y me hice un nombre importante, miré para el lado a ver qué había y reaparecieron los autos”.

“La Bestia”

“Coco” Zurita hoy cumple un sueño. En noviembre pasado estrenó un espectacular Nissan GT-R que se ganó la admiración inmediata en suelo norteamericano, quizás uno de los mercados más exigentes, junto a Japón, a la hora de aceptar las preparaciones de autos. Esa primera aparición oficial del deportivo nipón que se conoce como “La Bestia” se realizó en el último SEMA Show, el epicentro de los vehículos tonificados. En un stand frente a General Motors, recibió felicitaciones múltiples y la invitación de otros destacados preparadores para que en la próxima edición instale en su espacio la “bestia japonesa”.

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Eso sí, no fue la primera salida al mundo de aquel modelo que está en manos de Zurita desde hace 17 meses y sobre el que se invirtieron más de 60 mil dólares para su puesta a punto. “La primera muestra del vehículo se hizo en la Gumball 3000, en junio del año pasado. Fue justo antes de los X Games, por eso sólo pude hacer una parte del recorrido de esa exclusiva carrera, en la que participaron personajes como DJ Dead Mouse, Tommy Lee, Lewis Hamilton. Luego de esa exhibición, empecé a diseñar el plan de modificación del auto, que en ese momento sólo tenía como ajustes el escape de titanio, un difusor con aletas de tiburón y las llantas”.

La experiencia con su primer Mitsubishi EVO, deportivo que pasó a mejor vida luego de irse por un cerro en una carrera, fue fundamental para este proyecto. “Con el EVO empecé a conocer todo este mundo de los autos, las preparaciones y las marcas. Después de destrozarlo, compré un EVO X y ahí un amigo me invitó a hacer un curso de piloto de carrera. Fuimos con MTV, aprendí a manejar bien esos autos y después de cuatro años con el EVO, de hacer videos y cosas entretenidas con revistas, pude saltar al GT-R, que es el auto de mis sueños. Y como ahora ya tengo un tiempo metido en el tema, ya sé con quiénes quería trabajar y todo se hizo relativamente más sencillo”.

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Zurita hace hincapié en el concepto de “relativo”. En realidad, fue un trabajo contra el tiempo, que demandó cientos de horas de trabajo desde que se entregó el vehículo el 12 de octubre, hasta que se terminó el 1 de noviembre, apenas un día antes de que comenzara el SEMA.

“Todo el trabajo se hizo en un taller especialista en Los Ángeles, California. Lo primero que hicieron fue sacarle los stickers que tenía, luego lo pusieron en una gata para trabajar por abajo y por arriba y empezaron a sacar todas las partes. Mientras trabajaban, yo tomaba parte de una gira por Portland, Seattle, Salt Lake City y Texas. Entonces, cuando tenía tiempo libre, de viernes a domingo, me tomaba un avión para ir a ver los avances con el auto”.

De todas maneras, para Zurita uno de los momentos más fuertes fue ver cómo cercenaban la carrocería con una sierra. “Cuando cortaron los paneles, el tapabarros delantero, el trasero, fue difícil verlo. Sabía que después de eso no había vuelta atrás”.

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Para el reemplazo de esas partes se contaba con un body kit especialmente diseñado. Acá también hubo temor, pues, como dice el rider, “cuando llegan desde Japón, a veces no son exactos y hay que colocarles un relleno para que no entre la luz del sol. Por suerte, este body kit, que tiene un precio cercano a los $ 8 millones, lo escanearon con láser, lo metieron al computador y lo hicieron exacto. Los mismos preparadores me dijeron que era un gran trabajo, que les fue muy sencillo instalarlo”.

El único inconveniente que encontraron con el body kit fue con los neumáticos del eje trasero. “Las ruedas eran de 12’’ de ancho y no alcanzaban para el body kit, así que tuvimos que poner un espaciador de tres pulgadas para que la rueda calzara al eje. Adelante calzó perfecto”, recuerda.

Luego vino el calce de todas las piezas, eso antes de pintar el auto. Después desarmarlo de nuevo, pintarlo y armarlo. “Mandamos a pintar todas las partes del auto, los seis cálipers de adelante, los cuatro de atrás, las pastillas de freno de carrera y todo lo que tapa el motor”, dice Zurita, quien se preocupó personalmente de estos detalles, así como de la suspensión KW y los neumáticos semislicks. Nada podía fallar.

Y para completar los detalles estéticos, entre los que sobresalen las luces amarillas y el portabicletas sobre el techo, principal preocupación se tuvo con el alerón, donde resaltan unos enormes ojos. Este fue pintado por James Haunt, uno de los artistas más reconocidos de Los Ángeles. “Me acuerdo que me dijo ‘puedo hacer una calavera, unos ojos o unos labios’. Le dije que olvidara los labios, que viéramos algo más sobrio, pues los auspiciadores quieren algo bonito y no tan invasivo. Y quedó extraordinario, pues cuando abres la maleta, el alerón con los ojos se ve sobre el techo”.

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El trabajo con el GT-R personalizado por “Coco” Zurita ya finalizó. Del modelo original “quedaron el bloque del motor, la caja, los ejes y el diferencial. Básicamente, la mecánica interna quedó intacta, y en el interior, salvo los asientos que son Sparco, la jaula de seguridad y el volante, que es desmontable, el resto es todo original”. Pero la vida de esta bestia motorizada por un V6 3.8 litros twin turbo de 800 caballos de fuerza, con intercooler y sensor E85, que permite el uso de una mezcla de bencina y etanol, recién empieza.

“Este año el auto lo llevaremos a los Time Attack en California, al SEMA Show y la Gumball, que se hará sólo en Europa, por lo que tenemos que mandarlo por avión, además de un par de exhibiciones en Estados Unidos”. Incluso, Chile aparece en el horizonte, pues, como indica, “existen conversaciones para traerlo al GT 1000, pero ese evento es un mes antes del SEMA Show, y nos complica por la demora que existe en el trámite para regresarlo”.

La experiencia de “Coco” Zurita como piloto profesional también empieza a dar los primeros pasos. El ganador de medalla de plata en los X Games complementará los saltos en la bicicleta con las carreras de drift.

“Mi 100% va a la bicicleta, pero también hay tiempo libre que ocupar. El GT-R ocupó el tiempo libre el año pasado y ahora lo ocuparé con el drift. En vez de irme a la playa con los amigos, tomaré el auto, lo subiré a un tráiler y a correr. Para eso, me hice de un S240, un denominado missil car, al que le quiero colocar un motor V8 350 LS1. En dos años quiero estar en un buen nivel, para mí el drifting es más parecido a las bicicletas, pasas cerca de las paredes, vas puerta a puerta con otro auto, quiero competir en eso”, finaliza Zurita. MT