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Test drive: SsangYong Tivoli 4×4
Por Romina Cannoni Berd 22/06/2015 6094 vistas
El nuevo crossover de la marca coreana apuesta va por un andar cómodo y dinámico en ciudad, pero ofreciendo buenas capacidades off-road, un nivel de equipamiento correcto y un precio competitivo.

Hace unos años, y en medio de los rumores de quiebra, SsangYong pudo salir adelante gracias al aporte realizado por su nuevo dueño, el grupo indio Mahindra, el que apuntó a una mayor internacionalización de su nueva marca, aumentando su oferta de productos y mejorando notoriamente sus cuestionados diseños.

Si a eso se suma la fama de autos duraderos, de mecánica de prestigio y de precios razonables, la ecuación para SsangYong era buena de cara a su globalización.

Por eso es que la presentación del Tivoli no causó asombro; tampoco su estética trabajada y un interior bien presentado. Con sus 4.195 mm de largo, 1.795 mm de ancho y una distancia entre ejes de 2.600 mm, se presenta como uno más de los crossover compactos que comienzan a llegar al mercado.

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Tiene un habitáculo bueno para cuatro ocupantes adultos, y como el túnel de transmisión es muy bajo, cabe un quinto pasajero sin que reclame mucho por el espacio. A eso se suman una maleta generosa para el segmento, de 423 litros.

Adentro, el Tivoli exhibe buenos materiales y una mezcla de texturas que combina bien. En la consola central hay un diseño minimalista, pero de fácil uso, y cuenta con muchos lugares para dejar cosas.

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Mecánicamente, el Tivoli tiene un nuevo motor bencinero 1.6 de 126 Hp asociado a una caja mecánica de seis velocidades, y en esta versión, a un sistema de tracción total automática. Lo quiera o no, uno sigue asociando a SsangYong como un gran proveedor de motores diésel, y por eso cuesta acostumbrarse a esta línea de bloques con mucho menos torque.

Bajo las 2.500 vueltas se siente algo flojo y no refleja su potencia. De hecho, resulta mucho más agradable llevarlo en la parte media del tacómetro, donde se siente más ágil y empuja mejor. Obviamente que esto afecta el consumo, que no luce nada extraordinario para el tamaño del vehículo. En trayectos que mezclaron ciudad y autopista nos dio 10,1 km/l, aunque ya en carretera el rendimiento fue mejor.

La caja de cambios, por su parte, tiene un buen tacto en cada paso de marcha y su desempeño en el rebaje es eficiente. La máxima velocidad es posible tenerla en quinta, pues la sexta es sólo de deshago. Sí hay que acostumbrarse al largo recorrido del embrague, espantoso en las primeras salidas desde parado.

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De la dirección se esperaría más, debido a su ausencia de tacto, aunque el botón que permite seleccionar el modo de conducción ayuda a que la asistencia se reduzca considerablemente (y aún así queda muy asistida).

El Tivoli tiene una suspensión más rígida que blanda, pareciera estar más preparada para un terreno agreste que para la ciudad. Y esto no es una locura si se considera el pedigrí offroad que tiene la marca.

Cuenta con un despeje de carrocería de buenos 167 mm y cuenta con sistema de tracción total según requerimiento. Así, el Tivoli no golpea en los baches, pero tampoco es una cuna en su andar. Es firme, pero no duro. Esta misma rigidez permite tener un mejor control de la carrocería, siendo en curva un auto bastante fiable dada su altura, y cuando se va en carretera se siente firme y aplomado.

Respecto del equipamiento, el Tivoli está bastante justo para su precio. Si bien la versión testeada viene con sensores de proximidad traseros, climatizador, barras en el techo, neblineros y control crucero, entre otros elementos, se extrañan cosas que ya son habituales, como el bluetooth. Así, el Tivoli se convierte en un nuevo actor en el mundo de los crossover de entrada, con un precio de esta versión 4×4 ($ 11.990.000) bastante competitivo, un andar que permite un buen desempeño en ciudad y en caminos más rurales, buenas terminaciones y un diseño atractivo, pero que queda en deuda básicamente por algunas carencias.